Gerardo Iglesias presenta el miércoles 23 de noviembre
a las 19:00 horas en el Auditorio de la Casa de Cultura, Teodoro Cuesta, de
Mieres, 'Por qué estorba la memoria', su primer libro, en el que narra 22
historias reales sobre los maquis.
El libro se compone de 22 impresionantes
historias personales y familiares sobre la represión que el franquismo aplicó en
Asturias sobre los "huidos" o "fugaos", los guerrilleros que, tras la...
ocupación militar de Asturias por los golpistas en la Guerra Civil española, se
echaron al monte para continuar su lucha.

La recuperación de la memoria histórica es
imparable. Así lo defendió, ayer en Mieres, Gerardo Iglesias. El exdirigente
comunista presentó "en una plaza obligada", ya que es su concejo natal, su libro
Por qué estorba la memoria. Represión y guerrilla en Asturias 1937-1952 de la
editorial Madera Noruega. La puesta de largo mierense del trabajo de Iglesias
tuvo como maestros de ceremonias a los responsables de Espacio Cultural
Parpayuela. Mas de cien personas participaron en el evento que se celebró en el
Auditorio de la Casa de Cultura Teodoro Cuesta de la villa.
Antes de que comenzara la presentación del
libro, Iglesias valoró el resultado de las elecciones generales del pasado
domingo. A pesar de no querer "entrar en temas de política general porque no he
vuelto a la política", el exresponsable del PCE no rehusó las preguntas sobre la
mayoría absoluta obtenida por el PP. "El resultado de las elecciones es el que
ya venían indicando las encuestas desde hace tiempo, en ese sentido no hay
sorpresa. Eso sí, personalmente me preocupa el hecho de que un partido tenga un
mayoría tan amplia. En este caso es del PP, pero podría ser de otro y seguiría
pensando lo mismo. De hecho, en este país tenemos experiencias que demuestran
que las mayorías absolutas terminan haciendo cosas que no favorecen a la
sociedad".
Respeto al futuro de la recuperación de la
memoria con un gobierno conservador, Iglesias apuntó que "hay una cosa cierta y
esa es que el PP se ha venido mostrando intransigente en todo lo que se refiere
a recuperar la memoria y la dictadura franquista, las cosas se pintan negras, a
lo mejor lo que ocurre es que hay una reacción inesperada". "Fueron los nietos
de las víctimas", dijo, "los que pusieron en pie una serie de asociaciones de la
memoria y después el tema entró en la agenda de los políticos, nunca antes, y
por eso no hay marcha atrás a la memoria histórica".
En este sentido explicó que "no descarto que
durante el mandato del PP pueda seguir adelante el trabajo", apuntó Iglesias que
añadió que "por mucho que ellos se hayan resistido a entrar porque siempre
hablan que no hay que hurgar en el pasado, --claro que son los pasados que a
ellos les interesan--, no descarto que el movimiento en pro de la recuperación
de la memoria se potencie más y se sigan consiguiendo cosas". Para el autor
mierense "es un hecho muy importante para la sociedad española, no se trata de
ningún espíritu revanchista sino de inocular la vacuna en la sociedad. Las
nuevas generaciones deben saber lo que fue aquello, es la mejor medicina para
que no se repita".
El periplo que ha llevado, en estas últimas
semanas a Iglesias por toda Asturias en la presentación de su libro, es hasta el
momento muy positivo para él. "Estoy realmente sorprendido porque se está
vendiendo muy bien, y porque no he recibido más que elogios, tanto escritos como
verbales", asegura Iglesias que concluye "acaso si me han apuntado historias de
gente que no aparece en el libro y que sufrió mucho "pero es que es imposible
contarlo todo. Solo en Asturias se podrían contar miles de historias igualmente
trágicas que las que aparecen en mi libro" .
Con este libro -que es en realidad un alegato
que reivindica la memoria de los guerrilleros y de quienes, por unas u otras
razones, les dieron su apoyo y ayuda y sufrieron la misma represión-, Gerardo
Iglesias dice haber pretendido que se pueda "conocer quiénes eran, de dónde
venían, quiénes eran sus padres, cuáles fueron las condiciones de vida
familiares antes de echarse al monte, cuál el entorno social en el que
crecieron" con la intención de que eso "tal vez sirva para desmontar todas las
patrañas que se han arrojado sobre ellos".

Cuando Asturias, en 1937, cae en poder de los
ejércitos franquistas "son muchos los que no se resignan a aceptar pasivamente
la derrota, y no me refiero sólo a los del monte, sino también a las gentes del
pueblo en general" afirma Gerardo Iglesias en el primer capítulo de un libro
cuyas historias se desarrollan durante un largo período con hitos significativos
en la creación del Comité de Milicias Antifascistas, de 1943; el posterior
desmantelamiento de la Unión Nacional en Asturias, en 1944, y el fusilamiento de
su más señalado impulsor, Antonio García Buendía; el diseño, en 1946, del plan
de ataques guerrilleros y sabotajes; la mayor derrota de la guerrilla, de enero
de 1948; y, por fin, ya en 1952, la muerte del último guerrillero, Ramón
González, que decidió pegarse un tiro antes de ser apresado por la Guardia Civil
que lo tenía ya cercado en una casa de La Camocha, muy cerca de Gijón.
Gerardo Iglesias Argüelles nació en 1945 en
Mieres, en La Cerezal, una aldea enclavada en las cercanías del monte Polio en
el corazón de las cuencas mineras del Caudal y del Nalón y es el cuarto hijo del
matrimonio de Gumersindo y Priscila, a quienes va dedicado el libro. Sus vecinos
fueron siempre mayoritariamente socialistas y comunistas. A unos cientos de
metros de su casa natal, en Vegadotos, fundó Manuel Llaneza, en 1910, el
Sindicato de Obreros Mineros de Asturias (SOMA). Y esa fue también la zona en la
que el PCE creció más y mejor tras la escisión del socialismo español de los
primeros años veinte.
Fueron también esos vecinos los que hicieron la
revolución de 1934 y padecieron la represión posterior y quienes
mayoritariamente se alistaron en el ejército republicano o participaron como
milicianos para enfrentar el golpe militar fascista de 1936. De allí salieron
los que, tras la caída del frente republicano del Norte, en octubre de 1937, "se
echaron al monte" y, años más tarde, fueron sus hijos y sus nietos los que se
convirtieron en la punta de lanza del movimiento obrero que hizo las primeras
grandes huelgas contra el franquismo, las de los años sesenta.
Todos estos antecedentes sociales ayudan a
explicar los motivos del autor al publicar el libro y también permiten entender
por qué y cómo la guerrilla fue capaz de sobrevivir durante tantos años en
ciertas zonas de Asturias, en condiciones insoportables, sólo por la complicidad
de los fuertes lazos familiares y vecinales. Gerardo Iglesias forma parte de una
de esas familias de entre tantas que padecieron durante años la persecución,
tortura o muerte de muchos de sus miembros, el mismo autor entre ellos, debido a
sus ideales comunistas y a su decisión, tras la derrota de la República, de
resistir. Así se cuenta en la primera historia del libro que es, precisamente,
la referida a Eliseo Argüelles Álvarez, tío materno de Gerardo Iglesias
asesinado por un grupo de falangistas muy tempranamente, tras apresarlo en su
escondite en una casa abandonada de La Mosquitera, en Langreo. Asesinaron
también a César Rodríguez, su compañero de resistencia, arrojando después sus
cadáveres en medio de la plaza de Ciaño. También Gerardo, otro hermano de su
madre, de quien el autor lleva el nombre, fue fusilado en agosto de 1939.
Como la de ellos, el libro incluye otras
veintiuna historias desgarradoras, con otros nombres que forman parte de nuestro
pasado más pretendidamente desconocido y que Gerardo Iglesias ha querido traer a
la luz de nuestro presente olvidadizo: Miguel Fernández García, los Argüelles,
Santos Suárez García, Manuel Alonso González Manolín del Güelu, José González
Fernández Pastrana, Los Gitanos, Los Maricos, los hermanos Rubio, Ignacio Alonso
Fernández El Raxau, los Castiellos, Nicanor Fernández Alvarez Canor, Quintana,
Apolinar Anibarro Rodríguez Naranjo, Baldomero Fernández Ladreda Ferla,
Constantino Zapico González Bójer, los Caxigales, Luis Montero Alvarez Sabugo,
Jacinto Suárez Alonso Quirós, Eusebio Moreno Planisolis Antonio el Maqui y Ramón
González González. Cuando hoy se sigue hablando de 'transición pactada', y
todavía más, de transición 'modélica', o es que la cosa va de broma -y no tiene
gracia-, o que también la amnesia se apoderó de cómo fue aquello Y el epílogo;
un epílogo en el que Gerardo Iglesias, espectador privilegiado y también
protagonista de la llamada Transición, hace una rigurosa - y, en cierta medida,
autocrítica- reflexión sobre los resultados presentes de aquel proceso del cual
afirma que "cuando hoy se sigue hablando de 'transición pactada', y todavía más,
de transición 'modélica', o es que la cosa va de broma -y no tiene gracia-, o
que también la amnesia se apoderó de cómo fue aquello". Y ello porque, según el
autor, "las normas que presidieron la Transición fueron generalmente aceptadas
por las principales fuerzas de oposición al franquismo porque había en ellas un
profundo deseo de restablecer la convivencia pacífica en España" pero hoy no se
puede ignorar ni olvidar que "la Transición no la dirigió un gobierno
provisional y plural formado al efecto.
La dirigieron los políticos más moderados del
régimen, moderados pero comprometidos con la dictadura. Siendo así, éstos se
encargaron de moldearla de acuerdo con sus intereses. Y una de las cosas que más
les interesaba era echar el cerrojo al pasado. Con este fin fue concebida la Ley
de Amnistía de 15 de octubre de 1977. Una fría ley, sin exposición de motivos
siquiera, se descolgaba con doce artículos que, en esencia, venía a poner
término a la represión contra los demócratas y a garantizar la impunidad de los
represores".
De este modo, afirma Gerardo Iglesias en ese
epílogo, "la Transición fue llevada a cabo de acuerdo a aquellas circunstancias
tan desfavorables para la oposición democrática. Y lo que resultó no fue una
transición 'modélica', sino un 'modelo de impunidad'. ¿Que a pesar de ello
suponía un gran paso adelante? Cierto. ¿Que permitió a España importantes
progresos y el periodo más largo de su historia en convivencia democrática?
También es verdad. Pero las atrocidades de la dictadura, que siguen humillando y
doliendo a tantos ciudadanos y que, por cierto, no dicen nada en favor de una
democracia digna de tal nombre; lo que, en bien de la convivencia pacífica, hubo
que admitir y callar en aquellos momentos de enormes resistencias al cambio de
régimen político, no hay razón democrática para mantenerlo más de 30 años
después".